José Gómez de la Carrera pionero del fotorreportaje en Cuba

Por: Jorge Mata

José Gómez de la Carrera nació en España, se trasladó a Cuba siendo aún muy joven. En su tierra natal realizó estudios de fotografía, aunque algunos escritos señalan que aprendió el oficio en los Estados Unidos, país donde adquirió su segunda nacionalidad. Llegó a La Habana en 1885 y años más tarde comenzó a colaborar con varias publicaciones, entre las que destacan El Fígaro (1895-1903), Caricatura (1888-1892), La Lucha (1892-1895), La Discusión (1898-1903) y Cuba y América (1904-1906).

A la derecha José Gómez de la Carrera llegando a un campamento español, 1896. (Detalle)
A la derecha José Gómez de la Carrera llegando a un campamento español, 1896. (Detalle)

El olvido ha corrido un tupido velo por la vida y obra del multifacético José Gómez de la Carrera, a quien se considera el primer fotógrafo en introducir las imágenes instantáneas en la Isla. Como reportero de guerra fue el más activo de los corresponsales gráficos durante la ofensiva independentista cubana entre 1895 y 1898. Memorables imágenes y artículos suyos se publicaron en diversos medios impresos de la época, pertenecientes hoy a nuestra joven historia.

Del clima bélico imperante en la Isla por aquellos años sacó el mejor partido; utilizando su doble nacionalidad (española y estadounidense) obtuvo permisos de ambos bandos en conflicto para tener la posibilidad de entrar y salir con naturalidad de cuarteles, poblados, hospitales de campaña y fortalezas españolas, ventaja que utilizó para moverse por campamentos mambises, poblados guajiros y más tarde con tropas norteamericanas. Sus instantáneas de la guerra de independencia trascendieron las fronteras de Cuba y mostraron al mundo un conflicto armado que desgastó la Isla y cuyo infame final aún levanta pasiones encendidas a uno y otro lado del Atlántico.

Alto de una columna española, 1896

En las instantáneas de José Gómez de la Carrera descubrimos escenas cotidianas de individuos implicados en ambos bandos de la contienda bélica. Captó imágenes de los padres de la nación cubana sin edulcorante alguno; en sus fotos puede apreciarse la desventaja numérica, la precariedad logística y material de las tropas mambisas, pero también puede notarse el espíritu insurrecto de nuestros antepasados. De la parte española nos muestra un ejército organizado, de oficiales arrogantes, bien pertrechados y entrenados con esmero, cuyas desventajas están estrechamente relacionadas con el desconocimiento del terreno que pisan, el clima y la escasa resistencia a las enfermedades tropicales.

El peculiar fotógrafo también capto imágenes de la campiña cubana, la población civil rural y sus padecimientos en los improvisados poblados de la reconcentración, episodio negro de la historia cubana. Datos conservadores han estimado en 300.000 las víctimas mortales directas de tal política inhumana. El 30% de la población cubana de entonces fue aniquilada bajo el mandato de Valeriano Weyler, capitán general de la Cuba de entre los años de 1896 a 1898. En su frustrado empeño de acabar con la insurgencia mambisa, muchos habitantes de nuestros campos murieron tras padecer prolongadas hambrunas, sedientos, enfermos y confinados bajo la falta de normas elementales de higiene. Mujeres, niños, jóvenes, ancianos y hasta soldados españoles encargados de custodiar la población perecieron en estos campos de concentración pre-nazis.

Como fotógrafo formó parte de la comisión oficial norteamericana que investigó el incidente del USS Maine (ACR-1), acorazado de la Armada de los Estados Unidos que estalló en el Puerto de La Habana la mañana del 15 de febrero de 1898. El hundimiento dio pie a la intervención armada de los norteamericanos en la Isla, ya entonces el naciente imperio norteamericano mostraba su verdadero rostro.

Sus fotografías también abarcaron otras áreas de la sociedad cubana, actos políticos, encuentros sociales, retratos a personalidades destacadas, imágenes de la exuberante naturaleza insular, fotografías nocturnas de La Habana, etc. José Gómez de la Carrera falleció en su estudio de O’Reilly nº 62 en 1908, dejando un registro fotográfico que recoge la última etapa de la colonia, escenas de la gesta independentista, la posterior intervención norteamericana y la incipiente República cubana. Muchos de sus negativos sobre placas de vidrio se conservan desperdigados en colecciones institucionales en la Fototeca de Cuba, el Fondo Cubano de la Imagen Fotográfica, la Oficina del Historiador de La Ciudad, el Instituto Smithsoniano, la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos y en el Archivo General Militar de Madrid. Otra parte importante de su archivo fotográfico fue donado por su esposa a la Biblioteca Nacional José Martí de Cuba.

Las placas fotográficas de José Gómez de la Carrera, pionero indiscutible de la fotografía cubana, nos sigue impresionando hasta el día de hoy. Hay quienes piensan que todo tiempo pasado fue mejor, al ver sus instantáneas sabemos que no es así, en cambio, la frase popular “una imagen vale más que mil palabras” revela una sabia verdad. 

La Habana, invierno de 2018.


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